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9 días

Novena de Aguinaldos

Tradicional Colombiana

La tradicional Novena de Aguinaldos que se reza en familia del 16 al 24 de diciembre, preparando los corazones para la llegada del Niño Jesús. Compuesta originalmente por Fray Fernando de Jesús Larrea en el siglo XVIII.

Fiesta: 25 de diciembre
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El Niño Jesús
Rezar la novena
Día

1/ 9

La expectación del Niño Jesús

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Consideración del Día

Desde toda la eternidad, Dios planeó la venida de su Hijo al mundo para salvar a la humanidad caída. Los profetas anunciaron esta promesa durante siglos, y el pueblo elegido esperó con anhelo al Mesías prometido.

María y José, escogidos por Dios para ser los custodios del Salvador, vivieron esta expectación de manera única. En el silencio de Nazaret, prepararon sus corazones para recibir al Emmanuel, el «Dios con nosotros».

Meditemos hoy sobre la importancia de preparar nuestro corazón para recibir a Jesús. Como María, que guardaba todas estas cosas en su corazón, abramos nuestras almas a la gracia divina que viene a nosotros en este tiempo de Adviento.

¿Cómo estoy preparando mi corazón para recibir al Niño Jesús esta Navidad?

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que Vos misma preparéis y dispongáis mi alma para la gracia y visita del Señor que esperamos.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y atención del alma en que estuvisteis, esperando el nacimiento de vuestro Hijo. Despegadme de las cosas de la tierra y unidme más y más a Dios. Limpiad mis sentidos de toda mancha; purificad mi alma de toda culpa; elevad mi espíritu a que solo busque a Dios y en Él solo encuentre descanso.

Obtenedme, Señora, que cuando me presente ante vuestro precioso Hijo, me reconozca por verdadero devoto vuestro, dándome su bendición. Amén.

Ave MaríaRepetir 3 veces

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelsa grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso afecto y que alcancéis que mis ojos le vean y mis brazos le abracen, y que yo deposite en Él todos los afectos de mi corazón.

Concededme que, a ejemplo vuestro, mantenga siempre mi corazón libre de todo afecto terreno, y que en esta vida pueda servir dignamente al Niño Jesús y a su Santísima Madre, y después gozar de ellos eternamente en la gloria. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gozos

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil flaqueza reduces tu grandeza! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonai potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que yo sus reglas cumplir siempre quiera!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Raíz sagrada de Jesé sagrado, cuya satisfacción celeste con gozo esperamos! ¡Sálvanos, oh Niño, con brazo soberano! ¡De la culpa antigua víctimas librarnos!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David, que abres al desgraciado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste del pecado infame!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu fulgor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma visible muéstrate a tus amados!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel amado, de los pecadores esperanza y amparo! ¡Sálvanos, oh Niño, pues te estás mirando, de ese Dios eterno, tan suspirado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado! ¡Luzca ya la aurora de tu santo advenimiento!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún de esta gracia indigno me hallo!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas, Jesús adorado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

«Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en Vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra Infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño Omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Día

2/ 9

El viaje a Belén

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Consideración del Día

María y José emprendieron el largo camino desde Nazaret hasta Belén, obedeciendo el edicto del César Augusto. Más de ciento veinte kilómetros de camino difícil, llevando en su seno la Esperanza del mundo.

El viaje fue arduo: caminos polvorientos, noches frías, la incomodidad de los humildes medios de la época. Pero María y José caminaron con fe, confiando en la providencia de Dios que los guiaba hacia el cumplimiento de la profecía.

En nuestra vida también emprendemos caminos difíciles. A veces el sendero parece largo y las fuerzas flaquean. Pero como la Sagrada Familia, debemos mantener la mirada fija en el destino final: el encuentro con Cristo.

¿Qué camino difícil estoy recorriendo en este momento? ¿Confío en que Dios me acompaña?

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que Vos misma preparéis y dispongáis mi alma para la gracia y visita del Señor que esperamos.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y atención del alma en que estuvisteis, esperando el nacimiento de vuestro Hijo. Despegadme de las cosas de la tierra y unidme más y más a Dios. Limpiad mis sentidos de toda mancha; purificad mi alma de toda culpa; elevad mi espíritu a que solo busque a Dios y en Él solo encuentre descanso.

Obtenedme, Señora, que cuando me presente ante vuestro precioso Hijo, me reconozca por verdadero devoto vuestro, dándome su bendición. Amén.

Ave MaríaRepetir 3 veces

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelsa grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso afecto y que alcancéis que mis ojos le vean y mis brazos le abracen, y que yo deposite en Él todos los afectos de mi corazón.

Concededme que, a ejemplo vuestro, mantenga siempre mi corazón libre de todo afecto terreno, y que en esta vida pueda servir dignamente al Niño Jesús y a su Santísima Madre, y después gozar de ellos eternamente en la gloria. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gozos

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil flaqueza reduces tu grandeza! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonai potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que yo sus reglas cumplir siempre quiera!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Raíz sagrada de Jesé sagrado, cuya satisfacción celeste con gozo esperamos! ¡Sálvanos, oh Niño, con brazo soberano! ¡De la culpa antigua víctimas librarnos!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David, que abres al desgraciado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste del pecado infame!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu fulgor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma visible muéstrate a tus amados!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel amado, de los pecadores esperanza y amparo! ¡Sálvanos, oh Niño, pues te estás mirando, de ese Dios eterno, tan suspirado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado! ¡Luzca ya la aurora de tu santo advenimiento!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún de esta gracia indigno me hallo!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas, Jesús adorado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

«Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en Vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra Infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño Omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Día

3/ 9

No había lugar en el mesón

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Consideración del Día

Al llegar a Belén, María y José encontraron todas las puertas cerradas. No había lugar para ellos en el mesón. Las posadas estaban llenas de viajeros que habían llegado para el censo, y nadie quiso acoger a esta humilde pareja.

El rechazo debió ser doloroso, especialmente sabiendo que el nacimiento era inminente. Sin embargo, Dios tenía preparado un lugar especial: un humilde establo que se convertiría en el escenario del acontecimiento más grande de la historia.

Hoy, Jesús sigue buscando lugar en nuestros corazones. ¿Cuántas veces le cerramos la puerta, ocupados con nuestras preocupaciones mundanas? ¿Cuántas veces no hay espacio para Él en medio de nuestro ajetreo?

¿Hay lugar para Jesús en mi vida? ¿Qué necesito desocupar para hacerle espacio?

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que Vos misma preparéis y dispongáis mi alma para la gracia y visita del Señor que esperamos.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y atención del alma en que estuvisteis, esperando el nacimiento de vuestro Hijo. Despegadme de las cosas de la tierra y unidme más y más a Dios. Limpiad mis sentidos de toda mancha; purificad mi alma de toda culpa; elevad mi espíritu a que solo busque a Dios y en Él solo encuentre descanso.

Obtenedme, Señora, que cuando me presente ante vuestro precioso Hijo, me reconozca por verdadero devoto vuestro, dándome su bendición. Amén.

Ave MaríaRepetir 3 veces

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelsa grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso afecto y que alcancéis que mis ojos le vean y mis brazos le abracen, y que yo deposite en Él todos los afectos de mi corazón.

Concededme que, a ejemplo vuestro, mantenga siempre mi corazón libre de todo afecto terreno, y que en esta vida pueda servir dignamente al Niño Jesús y a su Santísima Madre, y después gozar de ellos eternamente en la gloria. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gozos

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil flaqueza reduces tu grandeza! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonai potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que yo sus reglas cumplir siempre quiera!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Raíz sagrada de Jesé sagrado, cuya satisfacción celeste con gozo esperamos! ¡Sálvanos, oh Niño, con brazo soberano! ¡De la culpa antigua víctimas librarnos!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David, que abres al desgraciado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste del pecado infame!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu fulgor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma visible muéstrate a tus amados!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel amado, de los pecadores esperanza y amparo! ¡Sálvanos, oh Niño, pues te estás mirando, de ese Dios eterno, tan suspirado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado! ¡Luzca ya la aurora de tu santo advenimiento!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún de esta gracia indigno me hallo!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas, Jesús adorado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

«Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en Vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra Infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño Omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Día

4/ 9

La pobreza del pesebre

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Consideración del Día

El Rey del universo eligió nacer en la más absoluta pobreza. Un establo frío, un pesebre con paja, animales por compañía... Este fue el primer hogar del que todo lo tiene, del que creó los cielos y la tierra.

Esta elección divina nos enseña el verdadero valor de las cosas. Dios no necesitaba palacios ni riquezas para manifestar su amor. Al contrario, quiso identificarse con los más pobres, con los marginados, con aquellos que el mundo considera insignificantes.

El pesebre nos invita a despojarnos de nuestros apegos materiales. Las riquezas del mundo son efímeras; solo el amor de Dios permanece para siempre. En la sencillez del portal de Belén encontramos la verdadera riqueza.

¿Qué cosas materiales ocupan demasiado espacio en mi corazón? ¿Puedo aprender de la pobreza de Jesús?

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que Vos misma preparéis y dispongáis mi alma para la gracia y visita del Señor que esperamos.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y atención del alma en que estuvisteis, esperando el nacimiento de vuestro Hijo. Despegadme de las cosas de la tierra y unidme más y más a Dios. Limpiad mis sentidos de toda mancha; purificad mi alma de toda culpa; elevad mi espíritu a que solo busque a Dios y en Él solo encuentre descanso.

Obtenedme, Señora, que cuando me presente ante vuestro precioso Hijo, me reconozca por verdadero devoto vuestro, dándome su bendición. Amén.

Ave MaríaRepetir 3 veces

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelsa grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso afecto y que alcancéis que mis ojos le vean y mis brazos le abracen, y que yo deposite en Él todos los afectos de mi corazón.

Concededme que, a ejemplo vuestro, mantenga siempre mi corazón libre de todo afecto terreno, y que en esta vida pueda servir dignamente al Niño Jesús y a su Santísima Madre, y después gozar de ellos eternamente en la gloria. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gozos

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil flaqueza reduces tu grandeza! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonai potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que yo sus reglas cumplir siempre quiera!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Raíz sagrada de Jesé sagrado, cuya satisfacción celeste con gozo esperamos! ¡Sálvanos, oh Niño, con brazo soberano! ¡De la culpa antigua víctimas librarnos!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David, que abres al desgraciado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste del pecado infame!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu fulgor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma visible muéstrate a tus amados!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel amado, de los pecadores esperanza y amparo! ¡Sálvanos, oh Niño, pues te estás mirando, de ese Dios eterno, tan suspirado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado! ¡Luzca ya la aurora de tu santo advenimiento!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún de esta gracia indigno me hallo!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas, Jesús adorado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

«Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en Vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra Infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño Omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Día

5/ 9

El anuncio a los pastores

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Consideración del Día

Los primeros en recibir la Buena Noticia fueron los pastores, los más humildes y sencillos de la sociedad. Mientras vigilaban sus rebaños en la noche, el cielo se abrió y un ángel del Señor les anunció: «No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor».

Después, una multitud del ejército celestial cantó: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad». Los pastores, sobrecogidos pero llenos de gozo, decidieron ir a Belén a ver lo que había sucedido.

Dios elige revelarse a los humildes, a los que tienen el corazón abierto. Los sabios del mundo pueden perderse en sus razonamientos, pero los sencillos de corazón reconocen la voz de Dios.

¿Tengo un corazón sencillo y abierto para escuchar la voz de Dios?

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que Vos misma preparéis y dispongáis mi alma para la gracia y visita del Señor que esperamos.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y atención del alma en que estuvisteis, esperando el nacimiento de vuestro Hijo. Despegadme de las cosas de la tierra y unidme más y más a Dios. Limpiad mis sentidos de toda mancha; purificad mi alma de toda culpa; elevad mi espíritu a que solo busque a Dios y en Él solo encuentre descanso.

Obtenedme, Señora, que cuando me presente ante vuestro precioso Hijo, me reconozca por verdadero devoto vuestro, dándome su bendición. Amén.

Ave MaríaRepetir 3 veces

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelsa grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso afecto y que alcancéis que mis ojos le vean y mis brazos le abracen, y que yo deposite en Él todos los afectos de mi corazón.

Concededme que, a ejemplo vuestro, mantenga siempre mi corazón libre de todo afecto terreno, y que en esta vida pueda servir dignamente al Niño Jesús y a su Santísima Madre, y después gozar de ellos eternamente en la gloria. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gozos

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil flaqueza reduces tu grandeza! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonai potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que yo sus reglas cumplir siempre quiera!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Raíz sagrada de Jesé sagrado, cuya satisfacción celeste con gozo esperamos! ¡Sálvanos, oh Niño, con brazo soberano! ¡De la culpa antigua víctimas librarnos!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David, que abres al desgraciado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste del pecado infame!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu fulgor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma visible muéstrate a tus amados!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel amado, de los pecadores esperanza y amparo! ¡Sálvanos, oh Niño, pues te estás mirando, de ese Dios eterno, tan suspirado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado! ¡Luzca ya la aurora de tu santo advenimiento!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún de esta gracia indigno me hallo!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas, Jesús adorado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

«Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en Vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra Infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño Omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Día

6/ 9

La adoración de los pastores

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Consideración del Día

Los pastores dejaron sus rebaños y fueron a toda prisa a Belén. Encontraron a María, a José y al Niño acostado en el pesebre. Y al verlo, contaron lo que les habían anunciado acerca de este niño, y todos los que lo oyeron quedaron admirados.

Los pastores no llevaban regalos valiosos, pero ofrecieron algo más precioso: su fe, su tiempo, su presencia. Se arrodillaron ante el pesebre y adoraron al Rey de reyes envuelto en pañales.

Después regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído. Se convirtieron en los primeros evangelizadores, los primeros en anunciar la llegada del Mesías.

La fe nos lleva a la acción. No basta con escuchar la Buena Noticia; debemos responder con prontitud, ir al encuentro de Jesús y después compartir esa experiencia con los demás.

¿Estoy dispuesto a dejar todo para ir al encuentro de Jesús? ¿Comparto mi fe con otros?

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que Vos misma preparéis y dispongáis mi alma para la gracia y visita del Señor que esperamos.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y atención del alma en que estuvisteis, esperando el nacimiento de vuestro Hijo. Despegadme de las cosas de la tierra y unidme más y más a Dios. Limpiad mis sentidos de toda mancha; purificad mi alma de toda culpa; elevad mi espíritu a que solo busque a Dios y en Él solo encuentre descanso.

Obtenedme, Señora, que cuando me presente ante vuestro precioso Hijo, me reconozca por verdadero devoto vuestro, dándome su bendición. Amén.

Ave MaríaRepetir 3 veces

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelsa grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso afecto y que alcancéis que mis ojos le vean y mis brazos le abracen, y que yo deposite en Él todos los afectos de mi corazón.

Concededme que, a ejemplo vuestro, mantenga siempre mi corazón libre de todo afecto terreno, y que en esta vida pueda servir dignamente al Niño Jesús y a su Santísima Madre, y después gozar de ellos eternamente en la gloria. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gozos

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil flaqueza reduces tu grandeza! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonai potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que yo sus reglas cumplir siempre quiera!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Raíz sagrada de Jesé sagrado, cuya satisfacción celeste con gozo esperamos! ¡Sálvanos, oh Niño, con brazo soberano! ¡De la culpa antigua víctimas librarnos!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David, que abres al desgraciado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste del pecado infame!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu fulgor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma visible muéstrate a tus amados!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel amado, de los pecadores esperanza y amparo! ¡Sálvanos, oh Niño, pues te estás mirando, de ese Dios eterno, tan suspirado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado! ¡Luzca ya la aurora de tu santo advenimiento!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún de esta gracia indigno me hallo!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas, Jesús adorado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

«Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en Vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra Infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño Omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Día

7/ 9

La estrella de los Magos

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Consideración del Día

Desde el lejano Oriente, unos magos emprendieron un largo viaje guiados por una estrella. Eran hombres sabios que escrutaban los cielos y reconocieron en aquel astro nuevo un signo extraordinario: había nacido el Rey de los judíos.

La estrella los guió fielmente a través de desiertos y montañas, de día y de noche. Cuando llegaron a Jerusalén y preguntaron por el recién nacido Rey, la estrella pareció desaparecer. Pero después de consultar las Escrituras, reapareció y los condujo hasta Belén, deteniéndose sobre el lugar donde estaba el Niño.

Dios pone estrellas en nuestro camino: personas, acontecimientos, inspiraciones que nos guían hacia Él. A veces la luz parece desaparecer, pero si perseveramos en la búsqueda, Dios siempre nos muestra el camino.

¿Qué estrellas ha puesto Dios en mi vida para guiarme? ¿Las estoy siguiendo con fe?

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que Vos misma preparéis y dispongáis mi alma para la gracia y visita del Señor que esperamos.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y atención del alma en que estuvisteis, esperando el nacimiento de vuestro Hijo. Despegadme de las cosas de la tierra y unidme más y más a Dios. Limpiad mis sentidos de toda mancha; purificad mi alma de toda culpa; elevad mi espíritu a que solo busque a Dios y en Él solo encuentre descanso.

Obtenedme, Señora, que cuando me presente ante vuestro precioso Hijo, me reconozca por verdadero devoto vuestro, dándome su bendición. Amén.

Ave MaríaRepetir 3 veces

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelsa grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso afecto y que alcancéis que mis ojos le vean y mis brazos le abracen, y que yo deposite en Él todos los afectos de mi corazón.

Concededme que, a ejemplo vuestro, mantenga siempre mi corazón libre de todo afecto terreno, y que en esta vida pueda servir dignamente al Niño Jesús y a su Santísima Madre, y después gozar de ellos eternamente en la gloria. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gozos

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil flaqueza reduces tu grandeza! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonai potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que yo sus reglas cumplir siempre quiera!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Raíz sagrada de Jesé sagrado, cuya satisfacción celeste con gozo esperamos! ¡Sálvanos, oh Niño, con brazo soberano! ¡De la culpa antigua víctimas librarnos!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David, que abres al desgraciado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste del pecado infame!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu fulgor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma visible muéstrate a tus amados!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel amado, de los pecadores esperanza y amparo! ¡Sálvanos, oh Niño, pues te estás mirando, de ese Dios eterno, tan suspirado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado! ¡Luzca ya la aurora de tu santo advenimiento!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún de esta gracia indigno me hallo!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas, Jesús adorado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

«Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en Vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra Infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño Omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Día

8/ 9

Los dones de los Magos

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Consideración del Día

Los Magos, al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y postrándose le adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron sus presentes: oro, incienso y mirra.

Cada regalo tenía un significado profético: oro, porque es Rey; incienso, porque es Dios; mirra, porque habría de morir por nuestra salvación. Los sabios de Oriente reconocieron en aquel Niño al Dios hecho hombre.

También nosotros somos llamados a ofrecer nuestros dones al Señor. No se trata de riquezas materiales, sino de lo que somos: nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestro amor. El regalo más valioso que podemos hacer a Jesús es nuestro corazón entero.

¿Qué dones estoy dispuesto a ofrecer a Jesús esta Navidad? ¿Le entrego mi vida sin reservas?

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que Vos misma preparéis y dispongáis mi alma para la gracia y visita del Señor que esperamos.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y atención del alma en que estuvisteis, esperando el nacimiento de vuestro Hijo. Despegadme de las cosas de la tierra y unidme más y más a Dios. Limpiad mis sentidos de toda mancha; purificad mi alma de toda culpa; elevad mi espíritu a que solo busque a Dios y en Él solo encuentre descanso.

Obtenedme, Señora, que cuando me presente ante vuestro precioso Hijo, me reconozca por verdadero devoto vuestro, dándome su bendición. Amén.

Ave MaríaRepetir 3 veces

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelsa grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso afecto y que alcancéis que mis ojos le vean y mis brazos le abracen, y que yo deposite en Él todos los afectos de mi corazón.

Concededme que, a ejemplo vuestro, mantenga siempre mi corazón libre de todo afecto terreno, y que en esta vida pueda servir dignamente al Niño Jesús y a su Santísima Madre, y después gozar de ellos eternamente en la gloria. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gozos

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil flaqueza reduces tu grandeza! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonai potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que yo sus reglas cumplir siempre quiera!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Raíz sagrada de Jesé sagrado, cuya satisfacción celeste con gozo esperamos! ¡Sálvanos, oh Niño, con brazo soberano! ¡De la culpa antigua víctimas librarnos!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David, que abres al desgraciado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste del pecado infame!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu fulgor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma visible muéstrate a tus amados!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel amado, de los pecadores esperanza y amparo! ¡Sálvanos, oh Niño, pues te estás mirando, de ese Dios eterno, tan suspirado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado! ¡Luzca ya la aurora de tu santo advenimiento!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún de esta gracia indigno me hallo!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas, Jesús adorado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

«Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en Vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra Infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño Omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Día

9/ 9

El Nacimiento del Salvador

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Consideración del Día

Ha llegado la hora tan esperada. Esta noche santa, el Verbo se hace carne y habita entre nosotros. María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre. El cielo y la tierra se regocijan: ¡Dios está con nosotros!

El misterio de la Encarnación supera todo entendimiento humano. El Creador del universo se hace pequeño, vulnerable, dependiente. El Todopoderoso se somete a los brazos de una madre. El Eterno entra en el tiempo.

Esta noche, contemplemos al Niño en el pesebre. En su rostro vemos el rostro del Padre. En sus manos pequeñas, las manos que formaron el mundo. En su llanto, el amor de Dios que se desborda por salvarnos.

¡Feliz Navidad! Que el Niño Jesús nazca en nuestros corazones y nos conceda la paz que solo Él puede dar.

¿Estoy preparado para recibir a Jesús en mi corazón esta Nochebuena?

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que Vos misma preparéis y dispongáis mi alma para la gracia y visita del Señor que esperamos.

¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y atención del alma en que estuvisteis, esperando el nacimiento de vuestro Hijo. Despegadme de las cosas de la tierra y unidme más y más a Dios. Limpiad mis sentidos de toda mancha; purificad mi alma de toda culpa; elevad mi espíritu a que solo busque a Dios y en Él solo encuentre descanso.

Obtenedme, Señora, que cuando me presente ante vuestro precioso Hijo, me reconozca por verdadero devoto vuestro, dándome su bendición. Amén.

Ave MaríaRepetir 3 veces

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelsa grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso afecto y que alcancéis que mis ojos le vean y mis brazos le abracen, y que yo deposite en Él todos los afectos de mi corazón.

Concededme que, a ejemplo vuestro, mantenga siempre mi corazón libre de todo afecto terreno, y que en esta vida pueda servir dignamente al Niño Jesús y a su Santísima Madre, y después gozar de ellos eternamente en la gloria. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gozos

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil flaqueza reduces tu grandeza! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonai potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que yo sus reglas cumplir siempre quiera!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Raíz sagrada de Jesé sagrado, cuya satisfacción celeste con gozo esperamos! ¡Sálvanos, oh Niño, con brazo soberano! ¡De la culpa antigua víctimas librarnos!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David, que abres al desgraciado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste del pecado infame!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu fulgor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma visible muéstrate a tus amados!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel amado, de los pecadores esperanza y amparo! ¡Sálvanos, oh Niño, pues te estás mirando, de ese Dios eterno, tan suspirado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado! ¡Luzca ya la aurora de tu santo advenimiento!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún de esta gracia indigno me hallo!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas, Jesús adorado!

¡Dulce Jesús mío!, mi Niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

«Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en Vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra Infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño Omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Cantos e himnos

Tutaina

Los pastores de Belén vienen a adorar al Niño, la Virgen y San José los reciben con cariño. Tutaina tuturumá, tutaina tuturumaina, tutaina tuturumá, turumá, tutaina. Tres Reyes vienen también con incienso, mirra y oro, a ofrendar a Emmanuel cual celeste Rey que adoro. Tutaina tuturumá, tutaina tuturumaina, tutaina tuturumá, turumá, tutaina. Vamos todos a cantar con amor y alegría, que Jesús nació ya para darnos su paz y guía. Tutaina tuturumá, tutaina tuturumaina, tutaina tuturumá, turumá, tutaina.

Mi Burrito Sabanero

Con mi burrito sabanero voy camino de Belén, con mi burrito sabanero voy camino de Belén. Si me ven, si me ven, voy camino de Belén, si me ven, si me ven, voy camino de Belén. El lucerito mañanero ilumina mi sendero, el lucerito mañanero ilumina mi sendero. Si me ven, si me ven, voy camino de Belén, si me ven, si me ven, voy camino de Belén. Con mi cuatrico voy cantando mi burrito va trotando, con mi cuatrico voy cantando mi burrito va trotando. Si me ven, si me ven, voy camino de Belén, si me ven, si me ven, voy camino de Belén. Tuqui tuqui tuquituqui, tuqui tuqui tuquita, apúrate mi burrito que ya vamos a llegar. Tuqui tuqui tuquituqui, tuqui tuqui tuquita, apúrate mi burrito vamos a ver a Jesús.

Los Peces en el Río

La Virgen se está peinando entre cortina y cortina, los cabellos son de oro y el peine de plata fina. Pero mira cómo beben los peces en el río, pero mira cómo beben por ver al Dios nacido. Beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río por ver a Dios nacer. La Virgen está lavando y tendiendo en el romero, los angelitos cantando y el romero floreciendo. Pero mira cómo beben los peces en el río, pero mira cómo beben por ver al Dios nacido. Beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río por ver a Dios nacer. La Virgen va caminando va caminando solita, y no lleva más compañía que el Niño de su manita. Pero mira cómo beben los peces en el río, pero mira cómo beben por ver al Dios nacido. Beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río por ver a Dios nacer.

Campana Sobre Campana

Campana sobre campana, y sobre campana una, asómate a la ventana, verás al Niño en la cuna. Belén, campanas de Belén, que los ángeles tocan, ¿qué nuevas me traéis? Recogido tu rebaño, ¿a dónde vas, pastorcito? Voy a llevar al portal requesón, manteca y vino. Belén, campanas de Belén, que los ángeles tocan, ¿qué nuevas me traéis? Campana sobre campana, y sobre campana dos, asómate a esa ventana, porque está naciendo Dios. Belén, campanas de Belén, que los ángeles tocan, ¿qué nuevas me traéis? Caminando a medianoche, ¿dónde caminas, pastor? Le llevo al Niño que nace, como a Dios, mi corazón. Belén, campanas de Belén, que los ángeles tocan, ¿qué nuevas me traéis?

Ven a Cantar

Ven a cantar, ven a cantar, que ya nació el niño. Ven a cantar, ven a cantar, que ya está aquí. Desde el cielo una estrella nos guía hacia Belén, donde nace el Niño Dios en el más humilde sitio. Ven a cantar, ven a cantar, que ya nació el niño. Ven a cantar, ven a cantar, que ya está aquí. Los pastores al oírlo dejan todo y van a verlo, lo adoran con su amor y le ofrecen lo que tienen. Ven a cantar, ven a cantar, que ya nació el niño. Ven a cantar, ven a cantar, que ya está aquí. Toda la tierra se llena de alegría y de esperanza, porque Dios se hizo hombre para darnos vida eterna. Ven a cantar, ven a cantar, que ya nació el niño. Ven a cantar, ven a cantar, que ya está aquí.

A la Nanita Nana

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea, mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea. Fuentecilla que corres clara y sonora, ruiseñor que en la selva cantando lloras, callad mientras la cuna se balancea, a la nanita nana, nanita ea. A la nanita nana, nanita ea, nanita ea, mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea. Manojito de rosas y de alelíes, ¿qué es lo que estás soñando que te sonríes? Cuáles son tus sueños, dilo, alma mía, mas no, no me lo digas, que ya lo sabía. A la nanita nana, nanita ea, nanita ea, mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea. Soñaba su Niño Jesús en su cuna que el sol y la luna le daban tributo. El sol le da el manto, la luna capullo, y todos los ángeles cantan arrullos. A la nanita nana, nanita ea, nanita ea, mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea.

El Tamborilero

El camino que lleva a Belén baja hasta el valle que la nieve cubrió. Los pastorcillos quieren ver a su Rey, le traen regalos en su humilde zurrón, ropopompón, ropopompón. Ha nacido en un portal de Belén el Niño Dios. Yo quisiera poner a tus pies algún presente que te agrade, Señor, mas tú ya sabes que soy pobre también y no poseo más que un viejo tambor, ropopompón, ropopompón. ¡En tu honor frente al portal tocaré con mi tambor! El camino que lleva a Belén yo voy marcando con mi viejo tambor. Nada mejor hay que te pueda ofrecer, su ronco acento es un canto de amor, ropopompón, ropopompón. Cuando Dios me vio tocando ante Él, ¡me sonrió!

Noche de Paz

Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor, entre los astros que esparcen su luz bella anunciando al niñito Jesús, brilla la estrella de paz, brilla la estrella de paz. Noche de paz, noche de amor, oye humilde el fiel pastor coros celestes que anuncian salud, gracias y glorias en gran plenitud, por nuestro buen Redentor, por nuestro buen Redentor. Noche de paz, noche de amor, ved qué bello resplandor luce en el rostro del Niño Jesús, en el pesebre, del mundo la luz, astro de eterno fulgor, astro de eterno fulgor. Noche de paz, noche de amor, todo duerme alrededor. Solo velan mirando la faz de su niño en angélica paz, José y María en Belén, José y María en Belén.

Alegría, Alegría

En Belén tocan a fuego, del portal sale la llama, es que ha nacido un Lucero, hijo de la Virgen Santa. ¡Alegría, alegría, alegría! ¡Alegría, alegría y placer! ¡Que esta noche nace el Niño en el portal de Belén! En el portal de Belén hay estrellas, sol y luna, la Virgen y San José y el Niño que está en la cuna. ¡Alegría, alegría, alegría! ¡Alegría, alegría y placer! ¡Que esta noche nace el Niño en el portal de Belén! Vengan todos los pastores con panderos y sonajas, a cantarle al Niño Dios una canción de alabanza. ¡Alegría, alegría, alegría! ¡Alegría, alegría y placer! ¡Que esta noche nace el Niño en el portal de Belén! En la puerta de mi casa voy a poner un letrero, con letras de oro que digan: ¡Viva el Niño del cielo! ¡Alegría, alegría, alegría! ¡Alegría, alegría y placer! ¡Que esta noche nace el Niño en el portal de Belén!

Sobre esta novena

La tradicional Novena de Aguinaldos que se reza en familia del 16 al 24 de diciembre, preparando los corazones para la llegada del Niño Jesús. Compuesta originalmente por Fray Fernando de Jesús Larrea en el siglo XVIII.

Navidad (16-24 de diciembre)

Inicio tradicional: 16 de diciembre

Puedes comenzar una novena en cualquier momento. Las fechas tradicionales son una guía, no un requisito.